Ocurre a veces que cuando todo va sobre ruedas, de repente la decisión de una persona cambia todo el panorama y la confianza con la que empezaste el día es ahora rabia, tristeza o incertidumbre.
Las situaciones que nos tocan vivir, en muchos casos están asociadas a las de una persona, por ejemplo tu jefe que decide dedspedirte, el dueño de casa que decide terminar tu contrato de renta, alguien que decide que los espejos de tu auto no te merecen.
Es muy difícil darse cuenta de que en todo momento estamos sujetos a situaciones que no están en nuestro control, porque curiosamente son estas las que controlan nuestra vida. Son las que definen si somos felices o desdichados.
La buena noticia es que la diferencia entre la incertidumbre y la certeza, entre la tristeza y la dicha, entre lo bueno y lo malo esta también en la decisión de una sola persona: tu.
Tu, tomando la decisión de creer.
Tu, decidiendo creer que es Dios quien esta en verdadero control de tu vida, que El te ama y que ante cualquier situación El no te abandona.
La decisión de tu jefe no ha tomado a Dios por sorpresa, El conoce el camino hasta el final, El ya vio que lo que viene es mejor.
La próxima vez que te sientas asi, sal a la calle o abre una ventana, respira hondo y agradece que Su amor te ha dado vida hoy, todo lo demás, ya es ganancia, y aunque lo que tu veas parezca una pared gris y vieja, en realidad afuera sigue haciendo un buen día.
